martes, 29 de julio de 2008




"La broma asesina"- Alan Moore.

"La broma asesina"- Alan Moore.

Guasón: -¡Señoras y señores! ¡Ustedes ya lo conocen por las ediciones de los diarios! ¡Ahora anímense a ver con sus propios ojos al más raro y trágico misterio de la naturaleza!-.
Público:- Ohhh...-.
Guasón:- Les presento al... ¡HOMBRE COMUUN!.
Físicamente ridículo, posee, por otro lado, una distorsionada escala de valores.
Observen su repugnante sentido de humanidad, la deforme conciencia social y el asqueroso obtimismo.
¿No es para que les provoque náuseas?
Lo más repulsivo de todo son sus frágiles e inútiles nociones de orden y salud mental. Si es sometido a una excesiva presión...
¡Se quiebra!
Entonces, ¿cómo hace para vivir?
¿Cómo ese, pobre y patético especimen sobrevive al mundo cruel e irracional de hoy?.
La triste respuesta es... "¡NO MUY BIEN!".
Frente a lo innegable declaro que la excistencia humana es loca, casual y sin finalidades y que uno de cada ocho de ellos resulta demente .
¿En qué podemos culparlos? En un mundo psicótico como éste...
¡Cualquier otra reacción sería una locura!-.·

"La broma asesina".


Casandra Lange.

martes, 22 de julio de 2008

...

...
Te estado escuchando y no te entiendo. Digo, no te entiendo porque no sé porque te he estado escuchando, tal vez porque no tengo a nadie mas que escuchae, entonces te escucho a ti, por ahora. No te entiendo, creo que te suicidaste y no me siento culpable por lo que te paso, pero eso no tiene ninguna importancia, porque tampoco me siento culpable por lo que me paso a mi, es extraño, pero más culpables hay, menos culpa se siente.
Todos vimos lo que te paso y todo lo que podemos decir sobre eso, ya no sirve para nada. Creo que te suicidaste, lansandote al vacio que hay desde la boca para dentro. No te entiendo y no quiero entenderte.


Crisis total !! Mi querido monólogo, con el cual realmente estoy sufriendo mucho, en vez de disfrutarlo... es terrible, se me nubla la mente, los sentimientos se atragantan en medio del pecho y de alli no quieren seguir fluyendo, pierdo la imagen... estoy puramente en crisis, es terrible.

jajajajajaja

Casandra.

"El sistema" -Eduardo Galeano.

"El sistema"


De cada cien niños que naces vivos en Guatemala o Chile, mueren ocho. Mueren ocho, también, en los suburbios populares de San Pablo, la cuidad más rica del Brasil. ¿Accidente o asesinato?. Los criminales tienen las llaves de las cárceles. Ésta es una violencia sin tiros. No sirve para novels policiales. Aparece, congelada, en las estadísticas, cuando aparece. Pero en las guerras reales no siempre son las más espectaculares y bien se sabe que los relámpagos de los balazos han dejado a más de uno ciego y sordo...


...Los presos de la necesidad, ¿cuántos son? ¿Es libre un hombre condenado a vivir persiguiendo el laburo y la comida? ¿Cuántos tienen el destino marcado en la frente desde el día en que se asoman al mundo y lloran por primera vez? ¿A cuántos se niegan el sol y la sal?


El sistema, Días y noches de amor y guerra.- Eduardo Galeano.


El sistema.


El torturador es un funcionario. El dictador es un funcionario. Burócratas armados, que pierden su empleo si no cumplen con eficiencia su tarea. Eso, y nada más que eso. No son Monstruos extraordinarios. NO VAMOS A DARLES ESA GRANDEZA.


El sistema, Días y noches de amor y guerra. -Eduardo Galeano.


Sueños.


Te despertaste, agitada, en medio de la noche:
-Tuve un sueño horrible. Te lo cuento mañana, cuando estemos vivos. Quiero que ya sea mañana. ¿Por qué no hacés que ahora sea mañana? Cómo me gustaría que ya fuese mañana.


Sueños, Días y noches de amor y guerra. -Eduardo Galeano.



Pequeñas extracciones.
Días y noches de amor y guerra, un libro de extrañas y bellas historias nacidas en medio del terror y a pesar del terror. Todas tienen su fluidez de la noticia y la sensibilidad del poeta.
Galeano es un escritor mágico en el mejor sentido de la palabra, desmotrando que la realidad latinoamericana es má fantástica y terriblemente dolorosa que las mentiras que nos han contado y que nada es tan horrible y poético como la verdad.


Casandra.

domingo, 22 de junio de 2008

NOCTURNO. (Oliverio Girondo)

NOCTURNO


Frescor de los vidrios al apoyar la frente en la ventana.
Luces trasnochadas que al apagarse nos dejan todavía más solos.
Telaraña que los alambres tejen sobre las azoteas.
Trote hueco de los jamelgos que pasan y nos emocionan sin razón.
¿A qué nos hace recordar el aullido de los gatos en celo,
y cuál será la intención de los papeles que se arrastran en los patios vacíos?
Hora en que los muebles viejos aprovechan para sacarse las mentiras,
y en que las cañerías tienen gritos estrangulados,
como si se asfixiaran dentro de las paredes.
A veces se piensa,
al dar vuelta la llave de la electricidad,
en el espanto que sentirán las sombras,
y quisiéramos avisarles
para que tuvieran tiempo de acurrucarse en los rincones.
Y a veces las cruces de los postes telefónicos,
sobre las azoteas,
tienen algo de siniestro
y uno quisiera rozarse a las paredes,
como un gato o como un ladrón.
Noches en las que desearíamos
que nos pasaran la mano por el lomo,
y en las que súbitamente se comprende
que no hay ternura comparablea la de acariciar algo que duerme.


Oliverio Girondo.


NOCTURNO II

Debajo de la almohadauna mano,
mi mano,que se agranda,s
e agrandainexorablemente,
para emerger,de pronto,
en la más alta noche,
abandonar la cama,
traspasar las paredes,
mezclarse con las sombras,distenderse en las calles
y recubrir los techos de las casas sonámbulas.
A través de mis párpados
yo contemplo sus dedos,
apacibles,
tranquilos,
de ciclópeas falanges;
los millares de ríos
zigzagueantes,
resecos,
que recorren la palma desierta de esa mano,
desmesurada,
enorme,
adherida al insomnio,
a mi brazo,
a mi cuerpodiminuto,
perdido
en medio de las sábanas;
sin explicarme cómo esa mano
es mi mano,
ni saber por qué causa se empeña en disminuirme.



Oliverio Girondo.

El día que me abandonaste. (Diálogo de dos personajes).

El día que me abandonaste. (Diálogo de dos personajes).

-Hola, creo que es el momento de hablar.
-¿De qué?
-Ya lo sabes, pero si quieres lo digo. Me voy.
-No, no puedes. ¿Y todo lo qué hemos vivo juntos? Te acuerdas cuando tuviste gripe con mucha fiebre y me pase toda la noche poniendote pañuelos de agua fría en la frente.
-Fue un resfrío.
-Y la vez que quedamos de ir al cine y me dejaste esperando en esa ezquina.
-Te avise antes que tenía otro compromiso.
-Y tu cumpleaños. Cuándo se me ha olvidado.
-Nunca, pero tampoco te preguntaste jamás, que es lo que me gustaba.
-Y después de todo esto, te vas con ¡¡ESA!!...
-Mamá, por favor... ya tengo cuarenta años, ¿no crees que ya puedo elegir mi vida?



Casandra.

sábado, 14 de junio de 2008

Puro humo.


Puro humo.

Dicen que cada cigarrillo acorta la vida en quince minutos.
Admitiré que tal aseveración responde al cálculo biomatemático del algún iluminado. No obstante, debo señalar que siendo así, el resultado arrojado probablemente no haya sido quince minutos justos, sino una cifra con decimales redondeada a quince. La precisión en el cálculo, resulta entonces motivo de objeción. Si se tratasen por ejemplo de quince con veintisiete segundos, al cabo de una equis cantidad de cigarrillos, la estimación de sobreviviencia al tabaco estaría menospreciando a uno cada tanto, y en consecuencia pronosticaría el deceso un incierto tiempo después de lo que realmente ocurrirá. Y siguiendo el mismo razonamiento, si por el contrario la cifra fuese catorce con cincuenta segundos o cuarenta y tres, tres, tres, tres, —no olvidar a las probables fracciones periódicas— el error causaría armar el velorio antes de tiempo.
La primer conclusión es que mezclar las matemáticas con el vicio no es buena política ¿Cómo se deberían contabilizar aquellos cigarrillos que se tiran antes de terminar de fumarlos, porque por ejemplo viene el colectivo? Todo un inconveniente, ya que no hay una norma para el inoportunismo del ómnibus, pues a veces llega inmediatamente después de encender el cigarrillo y en otras más benévolas, lo hace cuando sólo quedan por dar un par de pitadas. Rigurosamente, se podría acotar el error de estas circunstancias, con una regla de tres simple que relacione los quince minutos con la diferencia entre longitud total y longitud remanente del cigarrillo abandonado. Más esta tarea exigiría del fumador, la inexcusable obligación de llevar junto al atado y el encedendedor, un centímetro, una calculadora, una libretita y un lápiz.
La reflexión acerca de la longitud de cigarrillo efectivamente fumada, nos lleva a otro factor de incertidumbre, puesto que la longitud total no es un factor constante, sino una variable que depende de las marcas y sus diversas presentaciones. La cuestión de los quince minutos, presenta entonces el claro déficit de no mencionar cuál es la longitud patrón y no incluir una tabla de conversión según las distintas longitudes posibles.
Otros elementos variables no mensurados, se hallan representados por la frecuencia y magnitud de succión, elementos que obviamente deberían ponderar la longitud efectiva y por ende, el tiempo unitario del acortamiento de vida. No existen datos de que hayan sido establecidos los respectivos coeficientes de ponderación. Quizás hayan sido soslayados a causa de la imposibilidad de contemplar la enorme dispersión que presenta la amplia gama de sistemas nerviosos de los fumadores. O tal vez haya incidido la dificultad de asignar con base cierta, los coeficientes correspondientes a los extremos, representados por el ansioso que pita como un escuerzo y el plácido que lo hace como si todos sus cigarrillos fuesen los del post-coito. Asimismo, cabe señalar que este coeficiente tampoco debería ser único e invariante para cada especímen, pues el más elemental sentido común indica que si bien cada fumador responde a un patrón prevalente de succión, este comportamiento varía según el momento y la situación. Innegablemente, no es lo mismo fumarse uno con el jefe reclamando un trabajo atrasado, que hacerlo tirado panza arriba en una playa. No es lo mismo saliendo del cajero automático con el sueldo en el bolsillo que unas horas después de haber pagado el alquiler, las expensas, los servicios, la tarjeta y el colegio de los chicos. No es lo mismo con una ninfa pidiendo el favor de una tregua, que preguntando si eso es todo. Huelga agregar ejemplos.
Y es más, hilando fino, los que podríamos llamar coeficientes personales de ponderación, deberían a la vez afectarse de sub-coeficientes de calidad, que en los eventos aludidos genéricamente, deberían contemplar por caso, si la demora en terminar el trabajo reclamado es de un día, una semana o un mes, o si la playa está a ocho cuadras de una tapera que nos prestaron en Las Toninas o en el área privada del Mediterraneé de Itaparica. La variable indirecta para medir estos factores laterales de influencia, podría ser la presión arterial, aunque exigiría al fumador sumar un tensiómetro portátil al centímetro y la calculadora. Y francamente, no parece adecuado andar midiéndose la presión frente a la amante desnuda desparramada en la cama. Además, para cuando se prenda el cigarrillo la medición ya podría estar distorsionada a causa del efecto causado por la mujer llamando al manicomio.
Por otro lado, cualquiera se da cuenta que no es lo mismo el efecto del trigésimo cigarrillo del día que alguno de los primeros. De modo que es erróneo asignar una medida constante para todo cigarrillo que se fume, en forma independiente de las condiciones precedentes al evento, es decir de la cantidad n-1 disfrutada con anterioridad a su ocurrencia. Así que haría falta afectar los quince minutos de otro guarismo corrector, que sea función por ejemplo, de algún factorial o polinomio en grado n-1. Como estas fórmulas revisten mayor complejidad, una calculadora resultaría insuficiente y el fumador debería sumar una laptop —o al menos una palmtop— a su equipo de medición y pronóstico.
Lo cual nos lleva a pensar que andar por la calle teniendo que cargar un centímetro, una calculadora, un tensiómetro y una palmtop, generaría un stress adicional que indudablemente configuraría una nueva fuente de distorsión. Aunque tal vez causara una paradoja, sobre aquellos individuos que prefieran fumar menos, antes de tener que sacar a cada rato tanto aparataje y ponerse a hacer cuentas y mediciones. En fin, para calcular mal mejor no calculen nada.
De todas maneras, por más que el cálculo fuese certero, todavía no me he referido a lo principal ¿De qué quince minutos estamos hablando? Uno podría asumir, que el tiempo quitado por la cadena de quince minutos por cigarrillo, está lleno de opíparas comidas, alegres fiestas familiares, viajes soñados, magníficas funciones de cine, música y teatro, apacibles caminatas bajo el sol del parque e inclusive partidos de tenis y algún que otro escarceo amoroso. Uno podría asumirlo, siempre y cuando no contemple la posibilidad de que cada cigarrillo nos libere en realidad, de quince minutos en el geriátrico donde nos depositaron los hijos, en la ventana mirando pasar la vida desde una silla de ruedas, en las manos de una enfermera malhumorada cambiándonos los pañales o en la interminable añoranza de los años en que al menos, nos podíamos fumar un cigarrillo.

El fumar es perjudicial para la salud
Ley Nº 23.344




Casandra.

miércoles, 4 de junio de 2008

Demasiados Excesos...


Demasiados excesos...


En una de las tantas noches de insomnio, salio a caminar. Uno nunca sabe a donde puede llegar a parar, ya que los pies, a esas horas de la noche, te llevan a dar un tour por los lugares mas extravagantes de la zona. Después de tanto divagar su mente con fantasías y de recorrer lugares inhóspitos que nunca había recorrido, cayo en cuenta que se encontraba ya en un lugar conocido, aunque nunca antes lo hubiese pisado; no se porque razón extraña lo reconocía, sabía que había estado ya allí, pero no recordaba cuando y ni el por qué de su estadía en aquel sitio, pero aun así, le era familiar.

En un momento paró, sintió pánico, un escalofrío recorrió su cuerpo dejándolo paralizado.Luego, el sudor, frío, ajeno y un recuerdo que nada tenia que ver con su vida.

Los días de su vida habían pasado apaciblemente, su casa, la oficina, los compañeros de truco, los martes ir a ver a sus padres y alguna que otra salida a pescar. Esto que ahora aparecía en su memoria, era su vida, pero cuándo? En qué momento había vivido esa atrocidad? Cómo no quedaban rastros en su cuerpo de algo así?


Una vida soñolienta... sin recuerdos reales.

Varados en la pura fantasía...


Casandra.